El final de la Segunda Etapa marca el fin de la parte principal de la formación. Una vez que el jesuita ya ha experimentado la integración al cuerpo apostólico, viene la Tercera Probación como la etapa que confirma y recoge el fruto maduro del Jesuita que ya ha ejercido su servicio y está dispuesto a ser incorporado definitivamente a la Compañía con los últimos votos.

Esta etapa es concebida como un tiempo de formación que ofrece "una ocasión favorable para encontrar un nuevo impulso o un dinamismo incrementado en su vida de jesuitas"1.

Con palabras de Ignacio, se tratará en esta etapa de

"insistir en la escuela del afecto, ejercitándose en cosas espirituales y corporales, que más humildad y abnegación de todo amor sensual y juicio propio y amor de Dios nuestro Señor pueden causarle; para que habiéndose aprovechado en sí mismos, mejor puedan aprovechar a otros a gloria de Dios nuestro Señor"2.

Se trata, pues, de un proceso de integración personal apuntado a la asunción definitiva del camino que se ha emprendido. Este proceso supondrá volver a las fuentes que lo han alimentado y confrontará la propia vida en la contextualización realista del cuerpo apostólico de la Compañía, sus documentos y el horizonte actual del que el jesuita forma parte.

1 Kolvenbach, Peter-Hans, Directrices sobre la tercera probación, en La Formación del Jesuita,
Documentos del P. Peter-Hans Kolvenbach, S.J., Roma 2003, p. 122. Esta carta actualiza las
orientaciones actuales de la Compañía respecto a este tiempo de la formación del jesuita.
2Const. 516.
Tercera Probación - Vocaciones Jesuitas