El reencuentro con Jesús, después de la misión, posibilitará la “firme determinación de ir a Jerusalén” en donde se dará el paso definitivo que pasa por la cruz en el sí definitivo de Jesús al Padre y el sí definitivo del Padre al Reino y a la vida.

Si concebimos la formación como la constitución del ser jesuita en un proceso creciente de incorporación al cuerpo de la Compañía, al momento de llegar a Teología, el Escolar ya ha pasado por etapas fuertes de oración, de conocimiento de sí, ya se ha probado académicamente y ya ha ejercido con profesionalismo un servicio. Lo fuerte en esta etapa estará en los estudios de Teología, pero concebida ésta no como una carrera más, sino como oportunidad de hacer una reflexión más abarcadora y sintetizadora de las etapas anteriores, en donde el sujeto, ya sea futuro Sacerdote o Hermano, habrá de crecer en el sentir con la Iglesia a la manera de San Ignacio, y quedar contextualizado en la perspectiva ministerial y mistérica de su opción de vida, en la Compañía de Jesús y en la realidad del mundo.

Fuente: Kolvenbach, P. H., Los estudios especiales, en La Formación del Jesuita