La Compañía de Jesús está integrada por sacerdotes y hermanos, quienes comparten una vocación común: el seguimiento de Jesús y la identificación plena con su persona, sus ideas y su estilo de vida. Es por ello que todos los jesuitas participan de la misma llamada del Padre y de la misma misión. Sin embargo, cada uno ha recibido diferentes dones personales que enriquecen y complementan el Cuerpo de la Compañía y que los llevan a discernir entre el sacerdocio o la vida religiosa sin el ministerio sacerdotal, es decir, elegir entre recibir las Órdenes o no. Discernimiento que tiene como marco la búsqueda del mayor servicio de Dios y del bien más universal.

Un jesuita que elige ser Hermano conserva su condición laical en la Iglesia y orienta su existencia a encarnar y manifestar la esencia fundamental de la vida religiosa en la Iglesia: la consagración al Señor y a su causa de por vida. Éste es el aporte más valioso de esta particular vocación a la Compañía, el empeño por encarnar los valores del Evangelio, siguiendo radicalmente al Señor. De esta manera, entrega algo que la vocación al sacerdocio no puede entregar: dar testimonio del valor de la vocación a la vida religiosa.


Así pues, un jesuita Hermano no tiene las «distracciones» y distinciones que suponen la posición social vinculada al sacerdocio. Esto le permite establecer un vínculo especial con el mundo, una mayor cercanía y horizontalidad con los demás.

Por otra parte, el aporte del trabajo apostólico de los jesuitas Hermanos a través del tiempo, ha sido valioso en diversos campos, tales como la arquitectura, el arte, la educación, la ciencia y la catequesis. Otros han dejado una huella imborrable por su vivencia de los valores evangélicos: sabiduría, abnegación, servicio desinteresado, alegría en la entrega, capacidad de trabajo, amor por la Compañía y la Iglesia. Con su humilde y servicial forma de vivir han contribuido al buen ser de la Compañía de Jesús y al buen desarrollo de su misión.

Actualmente, las posibilidades de servicio y apoyo a la misión de la Compañía por parte de los Hermanos son inmensas. Campos como la ciencia, la educación, las artes, la música, el desarrollo económico, comunitario y social, la ecología, la paz y la reconciliación de los pueblos, entre otros posibles, pueden ser excelentes horizontes de un mejor y un mayor servicio a la misión de Cristo en la Compañía; incluso, hoy también lo pueden ser temáticas anteriormente asignadas a sacerdotes, como la Espiritualidad Ignaciana y la Teología. Tan sólo quedan fuera de su horizonte aquellas responsabilidades y tareas estrictamente ligadas al sacramento del Orden.

De esta manera, el jesuita Hermano vive su vocación dentro de la Compañía de Jesús y la Iglesia, ofreciendo un testimonio explícito y sin distracciones, sobre lo que es la vocación de todos los jesuitas.

H. Hugo Xicohtencatl SJ.
Doctor en Química, egresado de la UNAM.
Actualmente cursa sus estudios de filosofía.